Mis obras parten de pinturas construidas en negativo: imágenes latentes, inestables y parcialmente ocultas que no se revelan por completo a simple vista. Necesitan la mediación de Lumenoscope, un dispositivo óptico desarrollado como parte de la obra que altera la percepción del color y transforma la lectura de la imagen. Cada pintura promete otra forma, otro color, otra escena posible; permanece en un estado de espera, como si contuviera un futuro que todavía no puede verse.
La pintura en negativo es la forma material de mi relación con la tecnología. Permanecí en Colombia mientras mi familia se establecía en Estados Unidos. Desde Bogotá, experimenté muchos desarrollos tecnológicos primero como narración, expectativa o promesa antes que como herramienta: se imaginaban, se esperaban o se temían antes de poder tocarlos. En esa distancia aprendí a desear la tecnología. La imagen en negativo opera precisamente en ese territorio latente de espera, es primero promesa y deseo antes que aparición.
Este modo de recibir los nuevos desarrollos se convirtió en un método de trabajo. Recopilo un archivo de los relatos que anuncian, anticipan y rodean las tecnologías emergentes: titulares, rumores, prototipos y especulaciones. En ellos encuentro deseos, miedos y formas de poder que luego transformo en figuras, símbolos y escenas mitológicas. No me interesa ilustrar máquinas o infraestructuras, sino construir una iconografía de las fuerzas que hacen imaginables esas tecnologías.
A partir de esos mismos relatos, también desarrollo dispositivos, prototipos y tecnologías experimentales que parten de la pintura, pero pueden extenderse más allá de ella. En mi obra, la pintura es un lugar de invención y no solo de representación. Una imagen, un mito o una pregunta pictórica pueden convertirse en el punto de partida de una tecnología posible. Lumenoscope nace de esa operación, de la necesidad de hacer visible otro estado cromático contenido en la pintura.
Entre promesas de reparación, fantasías de automatización y relatos de catástrofe, mis obras conservan una memoria de cómo nuestro tiempo imagina, desea y teme las transformaciones tecnológicas que lo atraviesan.