EL COLOR QUE RESPIRA EL CIELO
Se dice que gigantescas máquinas diseñadas por algunas corporaciones, tienen la capacidad de generar una fotosíntesis artificial para potenciar la captura y secuestro del dióxido de carbono (CO2) acumulado en exceso en la atmósfera. El CO2 forma un manto invisible sobre el Cielo que puede permanecer por cientos de años y está provocando un aumento en la temperatura del mundo.
Estas pinturas no comienzan en el lienzo. Comienzan en el aire. Están hechas con CO2 capturado del aire del cielo por que luego fue solidificado con tecnología climática, para ser convertido en nano-óleos. Son materiales que provienen de la herida y la esperanza ambiental. Son cicatriz y posibilidad. Con ellos pinté tierras que arden bajo cielos ahogados en CO2. Al verlas a través de Lumenoscope, se transforman en tierras congeladas. Es el gesto de convertir el aire herido en color. La crisis en trazo. El clima en paleta. La curación en tecnología. Es pintar con lo que duele, y también con lo que tiene el potencial de sanar.
Estas obras, símbolos del miedo y la esperanza, atribuyen color y materialidad a este compuesto gaseoso e incoloro, indispensable para mantener la vida en el planeta, y que paradójicamente también tiene el poder de extinguirla.