PROYECTOS



El futuro siempre nos ha atormentado. La literatura, el cine, las artes de la imagen y la cultura en general han producido visiones del futuro; ensueños proféticos en los cuales, el balance entre tecnología y naturaleza experimenta graves modificaciones y catástrofes; en nuestra angustia por las inminentes consecuencias de las heridas que hemos causado en la Tierra y por la problemática relación que tenemos con nuestras propias tecnologías, han surgido múltiples modos de preservación y conservación de nuestros acervos, de las evidencias de nuestra existencia.

En este caso, presentamos una manifestación de un interrogante surgido en la conciencia sobre el flujo del tiempo y la mutabilidad del cuerpo:
¿Qué pasaría si perdiéramos la facultad de experimentar el color de las cosas? Imaginemos a un pintor que a través de su propio estudio del color y de la historia de la pintura, se sumergió en una visión de la realidad en donde la la luz, tal y como las experimentamos hasta hoy, nos fuera súbitamente arrebatada. Sumándose al glosario de delirios sobre el color y la luz, el pintor prevé el colapso de su ojo y emprende la empresa de crear un ojo, un sistema ocular para atesorar y magnificar la relación con el color y la capacidad de crear imágenes a través de esta relación. Este sistema, este laboratorio retiniano, se despliega en el lenguaje del arte para transportar un pensamiento utópico a una interfase concreta. Estamos invitados a entrar en la imaginación de un pintor cuya fascinación por la luz en la pintura lo condujo a un “misticismo tecnológico”. Un ensueño para preservar la memoria sensible de lo que ha sido el color para la civilización y una advertencia sobre los trastornos de la percepción.


Texto de estudio elaborado por Nathali Buenaventura Granados. Profesora de la Escuela de artes de la Universidad Nacional de Colombia.


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